La palabra Aranjuez se incluyó en el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias Orozco, editado en 1611. En fecha tan La temprana Aranjuez ya se identificaba como lugar de recreación. Y se literaturizaba su nombre: “para encarecer la amenidad de algún lugar de recreación, decimos es un Aranjuez”.
Una observación: en este diccionario la palabra paisaje aún no existía en nuestra lengua.
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